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PROYECTO AUDIOVISUAL "NARCISO".

2019

Tras leer el mito de Narciso, quise llevarlo a mi terreno y a mi propia actualidad, lo que me llevó directamente a pensar en las redes sociales y cómo eso ha derivado en una forma de entender las relaciones interpersonales. 

Si buscamos la historia de este mito encontraremos numerosas versiones que difieren en ciertos detalles, sin embargo el predominio del concepto “amor no correspondido” y la similitud con el final en el que el joven Narciso muere a causa de obsesionarse consigo mismo, están presentes en todas.

Partiendo de esto, rápidamente me pregunté a mí misma que entendía por el concepto “narcisismo”, cuya respuesta fue darme cuenta de que durante toda mi vida había recibido tales cantidades de definiciones del término que no tenía claro qué significaba exactamente, así que me propuse dar respuesta a partir de mi propia experiencia.

 

De ésta concluí que la sociedad que entendemos como la actual está rota, y digo rota porque una sociedad en la que el narcisismo pasa a ser entendido como nuestra propia creencia de ser lo que proyectamos, o incluso la acción de enamorarnos de nuestra proyección, no puede ser una que esté bien, con todos los pedazos en su sitio.

En gran parte creo que llegamos a pensar que nuestro reflejo más puro hoy en día es similar a nuestros perfiles en las redes sociales, porque nos acabamos basando en eso para después crear nuestra persona; hemos invertido el orden lógico de las cosas: primero va la proyección, y después el sujeto que se proyecta. Pero ya no hablando sólo de las pantallas, creo que estamos proyectando un reflejo de lo que creemos que deberíamos ser en las personas cercanas a nosotros mismos, tanto familiares como amigos o nuevos desconocidos.

 

Claro está que todo esto es una visión general de lo que veo en mis círculos cercanos y por tanto una opinión externa sobre mi actualidad desde mi perspectiva, así que para ser justa, también he decidido ponerme en el punto de mira. Si hablamos de mí, tendría que decir que me he dado cuenta de que no soy tan fiel como creía a lo que proyecto de primeras, y esto ocurre tras haber hecho un gran esfuerzo de introspección y bucear entre mis complejos e inseguridades. Entre otras cosas he advertido que tengo la sensación de que me estoy vendiendo a nuevas personas cuando hablo de forma abierta y personal, como si quisiese ser la versión más pura de mí misma para el otro pero no para mí. Diría también que ahora reparo en que el hecho de querer considerarme una persona expresiva, natural o transparente, hace que busque sentirme especial, y al final querer sentirme así provoca que acabe siendo en cierto modo narcisista, principalmente porque relaciono ser especial con ser diferente del resto, y por lo tanto, superior.

 

Creo que las relaciones están evolucionando de forma muy extraña, y eso me crea un conflicto interno muy grande; esto es, he llegado a la conclusión de que debido a la situación anterior, he creado una especie de justificación innata para responderme a mí misma en contextos en los que no llego a comprender cuál ha sido el error. Por así decirlo, utilizo un comodín para estas situaciones que consiste en asumir que el error reside en mi proyección sobre una determinada persona. No pienso: “es la superficie  la que provoca que el reflejo se vea distorsionado”, si no en “es la proyección la que ya estaba distorsionada”. 

Es entonces cuando te preguntas qué hay que hacer para que esa proyección no se distorsione, o en otras palabras, cómo tienes que cambiar para ser capaz de proyectar lo correcto, llegando a la errónea conclusión de que cada contexto ha de tener una proyección determinada de tu persona para que sea adecuada.  

 

 Narciso ya no se enamora de su reflejo porque se da cuenta de que no hay solo uno, hay muchos según el espejo en el que se mire (el social, el familiar, el romántico…) entonces ya sólo puede enamorarse de la proyección que cree ver de sí mismo en otros. El narcisismo pasa a ser externo y no propio.

 

Por tanto, actuamos en base al espejo en el que nos estamos mirando, lo cual plantea una paradoja curiosa: el narcisismo como se entiende en la actualidad depende directamente del medio en el que nos proyectemos, sin embargo, si somos conscientes de que es ese medio quien nos está juzgando dejamos de reflejarnos. Quizá esto sea porque es ahí, en el momento en el que asumimos la realidad, cuando únicamente aceptamos que lo que creíamos entender como nuestra propia esencia, nuestro ser, no es más que la mera percepción que posee un determinado grupo de externos a ti, la cual has querido asimilar como la tuya propia. No hay más que echar un rápido vistazo a los alrededores para contemplar cómo reaccionamos cuando alguien nos juzga, cómo nos molestamos cuando no nos dicen lo que queremos oír porque no va acorde a lo que pensábamos que estábamos proyectando, o cuánto nos alegramos cuando se nos aplaude por nuestra proyección. 

 

Todo esto nos lleva a una situación de extremos: por un lado estarían los “verdaderos narcisistas” que debido a la situación privilegiada de su “espejo” pueden llegar a enamorarse de su proyección y son aceptados por la sociedad -hablamos de personajes mediáticos-, y por otro, los “falsos narcisistas” que debido a los medios que poseen para reflejarse, se encuentran en constante cambio porque necesitan de la aprobación externa y son incapaces de amar una única proyección de sí mismos debido a que la sociedad no se los permite. 

 

Esto es, volviendo al inicio de este ensayo, el símil actual del “amor no correspondido” que se citaba en el mito de Narciso: algo que se entendía como una acción resultante entre dos personas, lo hemos convertido en algo individual traducido al amor no correspondido que experimentamos entre nuestra persona y nuestra proyección. A lo que sumamos, la nueva definición que se le atribuye al narcisismo en la actualidad, la de pasar a ser entendido como algo externo y no propio.

 

El espejo ya no pertenece a Narciso.

 

Alejandra Ramos.

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